Homilía del Domingo
20 del Tiempo Ordinario del Año B
“Vengan y
Aliméntense con el Pan de Vida”
19 de Agosto de
2006
Solo por un momento
piensen en su comida favorita. Ahora piensen en la que es la menos favorita.
¿Por qué les gusta, o por que no les gusta? ¿Qué tiene esa comida que los
atrae, o que tiene la que no los atrae? Ahora, no espero que me respondan
todas estas preguntas. Como quiera, Dios nos ha creado con la necesidad de
comer. Algunas de las comidas nos satisfacen, y otras ni siquiera nos gusta
verlas.
Cuando yo era joven,
me gustaban mucho los dulces y odiaba las verduras. Pero ahora, no puedo
comer cosas que estén demasiado dulce, y si puedo comer verduras y además,
me gustan. Todos sabemos que clase de comida es la más saludable. Pero, a
veces nuestra ignorancia, nuestra imprudencia y más que nada lo que nos sabe
bueno en el paladar no nos permite que descubramos lo que es mejor para
nosotros.
Así también nos pasa
con nuestra vida espiritual. En las Santas Escrituras, todos estamos siendo
llamados a vivir de una manera sabia, para vivir en plenitud todos los días
de nuestra vida. Pero aunque, muchos de ustedes son jóvenes, necesitan no
rendirse a los sabores del mundo. Porque nos convertiremos en lo que
consumamos. Por eso debemos de tener cuidado con lo que consumimos. Y, mas
que la comida, necesitamos tener cuidado con la cantidad que consumimos de
los placeres y las ofertas que el mundo nos ofrece. Muchas cosas pueden
ser buenas para nosotros, mientras otras pueden ser nocivas.
Por ejemplo, ¿los
programas que vemos en la televisión, nos ayudan, y nos animan? ¿O, son
siempre imágenes de mentiras, odio, violencia, celos, engaños, venganza y
rencor? Piensen sobre los “programas que son reales”. ¿Con qué nos están
alimentando esos programas? Piensen también sobre la música que escuchan.
¿Acaso esa música los inspira a hacer mejores personas? ¿O son canciones
como para cortase las venas, o insultar a otros? De seguro que la música
que escuchan le da honor y gloria a Dios y a su creación ¿O, acaso escuchan
palabras profanas e imágenes pornográficas para poder atraerlos y seducirlos?
Bueno, ¿quieren saber
quien nos ofrece el alimento que debemos consumir? ¡Jesús! El se esta
ofreciendo. El mismo se ofrece a nosotros en su cuerpo y en su sangre, hoy
en la Misa y en cada Misa. El es el único que nos puede alimentar, en
nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. Solamente en él tendremos vida eterna.
Así que, acérquense hoy a la mesa de donde pueden recibir al autor de la
vida. Recíbanlo para que tengan la fuerza para enfrentar al consumismo de
nuestra cultura. Acérquense, y permitan que Dios los alimente para que
puedan tener vida terna. Amén.