Homilía del Domingo Decimoctavo del Tiempo Ordinario, Año B
Sean Imitadores de Dios
by Fr. William Holtzinger
Agosto/13/2006

 
Hoy se nos esta recordando de comportamientos, sentimientos y reacciones que la gente puede tener cuando no imita a Dios.  Elías, el profeta, quería dejar todo y morir.  El perdió su fe.  San Pablo sintió la necesidad de corregir a los Efesios que estaban sembrando amargura, furia, resentimiento, y mucho más en la comunidad.  
¡Hasta los seguidores de Jesús se quejaban de lo que él les decía!  

 
Todas estas cosas, todos estos comportamientos entristecen al Espíritu Santo de Dios.  Si a todos se nos hiciera una prueba y la pregunta fuera: ¿Deberíamos entristecer a Dios?  Estoy seguro que todos contestaríamos correctamente.  Pero, el problema es que todos lo hacemos.  Así que, hoy se nos esta desafiando a que reflexionemos en esos pecados y a que nos arrepintamos.  

 
Imagínense por un momento que nuestros comportamientos tuvieran un olor asociado con ellos.  Así que, cuando amamos, oleremos a rosas.  Cuando perdonamos a los que nos ofenden, oleremos a nuestro postre favorito.  Nuestra habilidad de oler es un sentido muy poderoso.  Este sentido es capaz de ayudarnos a recordar cosas de una forma más potente que cuando las escuchamos o las miramos.  Entonces, ¿imagínense como sería el olor de nuestros pecados?  Sería como comida echada a perder.  ¿Han ustedes alguna ves, olido el olor que sale de debajo de las calles en grandes ciudades?  Eso quiere decir muerte y lo que esta muerto huele muy mal?  El pecado es una forma de muerte.  Si pudiéramos oler el pecado, podríamos concluir que de verdad huele muy, muy feo.  

 
Así que escuchen otra ves hermanos y hermanas: 

 
No entristezcan al Espíritu Santo de Dios,
Con el que ustedes fueron sellados en el día de la redención.

 
Toda amargura, furia, malos sentimientos, malos deseos, malos hábitos, malas palabras, envidias, celos, gritos, resentimientos, y cualquier clase de maldad debe de ser abandonada.  

 
Sean amables unos con otros.  Sean imitadores de la compasión.  Perdónense las ofensas unos a otros, porque así  Dios los ha perdonado a ustedes a través de Jesucristo.