Homilía del Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
“Permitan que Dios Toque Sus Corazones”
by Fr. William Holtzinger
Feb 12, 2006

 

 

 

(Borrow a $ 20 bill from someone in the community).  ¿A quien le gustaría tener estos veinte dólares?  Yo creo que a todos nos gustaría.  (Crinkle up the bill).  ¿A quien le gustaría tenerlos ahora?  Yo creo que a todos nos gustaría.  ¿Por qué? Por que todavía vale lo mismo, sin importar como se vea.  (Return the $20) 

 

Yo les ofrezco esta ilustración porque nos puede ayudar a entender cuanto Dios ama a cada uno de nosotros.  Al hombre que tenía lepra, Jesús lo sanó de una manera muy simple comparada con el método que se describe en el libro de Levíticos en la primera lectura.  Al hacer eso, Jesús está haciendo que su poder sea conocido en el mundo, al mismo tiempo nos demuestra el valor de la humanidad.  El problema es el siguiente: ¿Hacemos lo mismo, unos por otros? 

 

¿Mostramos ese valor unos a otros, y hasta aquellos que no conocemos?  ¿Acaso mostramos que valoramos a aquellos que hablan demasiado, usan ropa muy extraña, arreglan su cabello de una forma muy chistosa, no ganan mucho dinero, no comparten nuestros valores, no son de Hispanos, no son Mexicanos, o son de los estados del sur de México, no hablan el mismo lenguaje, o están enfermos con enfermedades extremas, son alcohólicos, o son adictos a las drogas, o a aquellos que consideramos casos perdidos?  ¿Quienes son los marginados en sus vidas?  ¿A quienes tratan de no ver o visitar o de no hablarles, porque pareciera que tuvieran lepra?  A lo mejor ustedes están siendo llamados a tocar a esas personas y ayudarlas a sanar. 

 

A lo mejor ustedes son esas personas marginadas, o humilladas. Puede ser que ustedes se sientan solos, o han sido avergonzados.  Puede ser que ustedes mismos tratan de estar solos porque es doloroso estar con otras personas.  Puede ser que ustedes no crean que Dios los pueda sanar, que Dios pueda restaurar su salud.  Puede ser que el miedo se haya apoderado de sus vidas y es muy difícil desprenderse.  Pero yo les repito, Jesús ha venido por ustedes, también.  No tengan miedo permitan que Jesús los sane. 

 

Toda la gente tiene valor de acuerdo con la gracia divina  que se nos ha entregado por Dios, nuestro creador.  Esa gracia cada uno de nosotros aquí presentes la ha recibido.  Hasta las personas que no queremos, que no nos caen bien, los que tienen sida, los que tienen cáncer, los que no tienen familia, los que usan drogas las suegras, suegros, cuñadas, cuñados, nueras, yernos.  Todas estas personas, al igual que nosotros,  han recibido la gracia de Dios porque también ellos son creación de Dios. 

 

Tomen ahora un momento en silencio y ofrezcan una oración por ustedes mismos.  Después cuando vengan a recibir la Santa Eucaristía, permitan que Dios los toque en lo más profundo de su corazón para que los sane y los renueve una vez más.  Amén.