(Borrow a $ 20 bill from someone in the community).
¿A quien le gustaría tener estos veinte dólares? Yo creo que a todos nos
gustaría. (Crinkle up the bill). ¿A quien le gustaría tenerlos ahora? Yo creo
que a todos nos gustaría. ¿Por qué? Por que todavía vale lo mismo, sin importar
como se vea. (Return the $20)
Yo les ofrezco esta ilustración porque nos puede
ayudar a entender cuanto Dios ama a cada uno de nosotros. Al hombre que tenía
lepra, Jesús lo sanó de una manera muy simple comparada con el método que se
describe en el libro de Levíticos en la primera lectura. Al hacer eso, Jesús
está haciendo que su poder sea conocido en el mundo, al mismo tiempo nos
demuestra el valor de la humanidad. El problema es el siguiente: ¿Hacemos lo
mismo, unos por otros?
¿Mostramos ese valor unos a otros, y hasta
aquellos que no conocemos? ¿Acaso mostramos que valoramos a aquellos que hablan
demasiado, usan ropa muy extraña, arreglan su cabello de una forma muy chistosa,
no ganan mucho dinero, no comparten nuestros valores, no son de Hispanos, no son
Mexicanos, o son de los estados del sur de México, no hablan el mismo lenguaje,
o están enfermos con enfermedades extremas, son alcohólicos, o son adictos a las
drogas, o a aquellos que consideramos casos perdidos? ¿Quienes son los
marginados en sus vidas? ¿A quienes tratan de no ver o visitar o de no
hablarles, porque pareciera que tuvieran lepra? A lo mejor ustedes están siendo
llamados a tocar a esas personas y ayudarlas a sanar.
A lo mejor ustedes son esas personas marginadas,
o humilladas. Puede ser que ustedes se sientan solos, o han sido avergonzados.
Puede ser que ustedes mismos tratan de estar solos porque es doloroso estar con
otras personas. Puede ser que ustedes no crean que Dios los pueda sanar, que
Dios pueda restaurar su salud. Puede ser que el miedo se haya apoderado de sus
vidas y es muy difícil desprenderse. Pero yo les repito, Jesús ha venido por
ustedes, también. No tengan miedo permitan que Jesús los sane.
Toda la gente tiene valor de acuerdo con la
gracia divina que se nos ha entregado por Dios, nuestro creador. Esa gracia
cada uno de nosotros aquí presentes la ha recibido. Hasta las personas que no
queremos, que no nos caen bien, los que tienen sida, los que tienen cáncer, los
que no tienen familia, los que usan drogas las suegras, suegros, cuñadas,
cuñados, nueras, yernos. Todas estas personas, al igual que nosotros, han
recibido la gracia de Dios porque también ellos son creación de Dios.
Tomen ahora un momento en silencio y ofrezcan una
oración por ustedes mismos. Después cuando vengan a recibir la Santa
Eucaristía, permitan que Dios los toque en lo más profundo de su corazón para
que los sane y los renueve una vez más. Amén.