Homilía del Segundo Domingo
del Tiempo Ordinario, Año B
“Habla Señor que Tu
Escucha”
Jan. 8, 2006
Cuando yo era un niño
muchas veces se me preguntaba que era lo que yo quería ser cuando creciera. De
seguro, que a muchos de nosotros se nos preguntó lo mismo. De seguro, muchos
pensamos en ser maestros, policías, doctores, abogados, etc. Pero en el
transcurso de crecer, algunos de nosotros mismos nos preguntábamos que era los
que queríamos ser. Pero, ¿alguno de ustedes algún día, le preguntó a Dios que
era lo que él quería que ustedes hicieran? Yo me pregunto si muchas de las
veces nada mas no escuchamos.
Samuel, en la primera
lectura, había sido traído al templo, así que el estaba muy listo para escuchar
la llamada de Dios. Pero, sin embargo tuvo que ser llamado tres veces. A los
Corintios, también San Pablo, tuvo que decirles muchas veces lo que Dios estaba
pidiendo de ellos. Hoy escuchamos una de esas cosas. Y finalmente, San Pedro
necesitó a su hermano Andrés para poder responder al llamado que le hacia
Jesús. Hay tantas cosas tratando de obtener nuestra atención. La sociedad
siempre nos esta diciendo que hacer y eso hace muy difícil el escuchar el
llamado de Dios. De hecho, cuando ustedes toman tiempo para orar, ¿qué es lo
que hacen? ¿Acaso no empiezan ofreciendo una oración memorizada, como el Ave
Maria o el Padre Nuestro? Estas oraciones son muy buenas, pero siempre estamos
hablando. ¿Cómo podemos escuchar lo que Dios nos quiere decir con tanto ruido
que hacer cuando rezamos? Yo les propongo que para que podamos entender a que es
a lo que Dios nos esta llamando, necesitamos pasar tiempo en silencio y
solamente nos dediquemos a escuchar. Traten de hacer por lo menos cinco (5)
minutos todos los días. Nada va a pasar si ustedes pasan cinco (5) minutos en
silencio.
No digan nada. Solo
escuchen.
Traten de no distraerse.
Solamente escuchen.
No piensen en las cosas
que se necesitan limpiar. Solamente escuchen.
No piensen en la comida
que necesitan preparar. Solamente escuchen.
No piense en la ropa que
tienen que lavar. Solamente escuchen.
No piensen en la novela
que ya va a empezar. Solamente escuchen.
No piensen en los biles (bills)
que tienen que pagar. Solamente escuchen.
La mejor inversión que
ustedes pueden hacer en su propia fe en sus propias familias, es solamente
escuchar.
Samuel se convirtió en un
gran profeta. Los Corintios son famosos dos mil años (2000) después de haber
sido llamados por San Pablo. San Pedro se convirtió en la cabeza de la
Iglesia. Todo esto pasó porque ellos escucharon.
No hay futuro cuando nos preocupamos, pero la inversión que ustedes hacen cuando escuchan será suficiente para pagar por la eternidad.