Semana Veinticinco del Tiempo Ordinario, Ano A
"Deja de quejarte".
by Fr. William Holtzinger
Sept. 18, 2005

 

 
    ¿Cuándo fue la última vez que te quejaste? ¿Cuándo fue la última vez que  sentiste envidia de alguien? ¿Cuando fue la última vez que te viste en una situación y sentiste que todo era injusto? ¿Cuándo fue la última vez que las palabras “eso no es justo” salieron de tu boca? ¿Realmente era injusto?, ¿talvez? ¿Estas seguro? ¿Seria que tu estabas buscando tu bienestar  sobre los demás.

   

 Jesús en su parábola describe una situación que si él estuviera trabajando para una empresa de negocios lo despedirían.  En efecto, su historia podría causar  confusión entre las personas que lo escuchaban. Honestamente, esto es todavía una confusión. ¿Quien podría  conducir  un negocio  remunerando empleados con diferentes horas de trabajo en partes iguales. ¿Quién podría gratificar a alguien por  una simple cosa? Esto sería una locura. 

 

Porque esto es muy cierto, que para el mundo, la manera en  Dios nos ama es ridículo. Pero, esto es ridículo porque eso no es lo que el mundo espera.  Recordándo las palabras del profeta: 

 

  "...al Dios nuestro, que será amplio en perdonar.

 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, 

ni vuestros caminos mis caminos — declara el SEÑOR.  

Porque [como] los cielos son más altos que la tierra,

así mis caminos son más altos que vuestros caminos, 

y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. "

 
!Y, si vamos a decir que somos Cristianos, entonces tenemos que escuchar estas
palabras¡
 

¿Quién creemos ser para tan siquiera pensar que conocemos la mente de Dios? Pero, Jesús sí conoce al Padre y por eso nos dice que debemos ser generosos en todo lo que hacemos.  El sentido de misericordia de nuestro Señor sobrepasa todas nuestras sensibilidades.  Imagínense la última vez que ustedes se han sentido tratados injustamente.  Imagínense la última vez que se quejaron y le contaron de su frustración a todos los que los rodeaban.  Imagínense cuando  alguna persona, que ustedes conocen, le aumentaron el sueldo sin merecerlo.  En cada situación, el pecado hace del corazón de ustedes un hogar.  Sean agradecidos porque este Evangelio es para ustedes, porque Dios será generoso con ustedes, hasta sin que ustedes lo merezcan.