Homilía del Domingo Treinta y tres del Tiempo Ordinario, Año C.
“No Tengan Miedo”
de Padre William Holtzinger
Nov. 14, 2004


Así como estamos llegando al final del año litúrgico, la Iglesia nos habla del final de los tiempos, las últimas cosas, los momentos finales de nuestras vidas. Esto es como si las lecturas nos causaran preocupación, pero en realidad nos están dando testimonio de las razones que tenemos para tener esperanza y, como continuar hasta que ese día inevitable llegue para cada uno de nosotros.

Malaquías nos recuerda que debemos de poner nuestras vidas en orden. Se supone que debemos tener temor de Dios. Pero, ese temor no es la clase de temor en el cual le debemos de tener miedo a Dios y a sus castigos. En verdad eso sería un punto de vista demasiado cerrado. Pero, en ves de tenerle miedo a Dios le debemos de tener un respeto santo por su poder y su gran misericordia. Esto quiere decir que debemos reflejar nuestra disposición del corazón y de nuestra calidad de dar. De hecho, como cristianos, debemos de tener esperanza y no tener miedo de las cosas del mundo.

En el Evangelio, Jesús nos habla sobre las consecuencia que se viven por seguirlo a el. Al recordarnos sobre la persecución, bebemos de tener fe. Estas no son señales de fracasos, sino señales de fe. El punto es que: no debemos tener miedo. No importa que pase, sepan que Dios esta con ustedes. Estas palabras fueron las primeras que nuestro papa dijo cuando por primera fue presentado al mundo. “No tengan miedo”, el dijo. En una manera profética, Juan Pablo Segundo (II) conocía las señales del tiempo y las grandes calamidades que se nos venían. Pero, en ves de construir una casa de emergencia, o acumular comida, el nos recordó de uno de los mensajes fundamentales del Evangelio de Cristo. Somos gente de esperanza y, no de una esperanza hecha de azúcar o porcelana. No, nuestra esperanza no es una esperanza falsa. Nuestra esperanza esta fundada en la confianza de que Dios será nuestro salvador, que Cristo es nuestro todo en todo.

Así, que yo les pregunto a cada uno de ustedes: ¿Tienen miedo? Si tienen miedo necesitan reconocerlo y no negarlo. Ustedes tienen que enfrentarse a sus propios temores.

Así, que cuando guerras y hambres pasen, cuando terremotos y desastres naturales pasen, ¿tendrán ustedes miedo? (pause)
Por favor, repitan en voz alta: No, no tendremos miedo. No los escucho. Todos: No, no tendremos miedo.

Cuando ustedes sean perseguidos por su fe y humillados por una sociedad que no conoce a nuestro Dios, ¿tendrán ustedes miedo?

Cuando tengan problemas al educar a sus niños y tengan momentos de cansancio por tantas noches en vela, ¿tendrán ustedes miedo?

Cuando sus hijos abandonen la Iglesia y ellos los critiquen a ustedes por su fe, ¿tendrán ustedes miedo?

Cuando su esposo (a) les pida el divorcio y la familia busque la venganza con violencia, ¿tendrán ustedes miedo?

Cuando su patrón los manipule, les falte al respeto, ¿tendrán ustedes miedo?

Cuando crean que tus pecados sean imperdonables, y sientan que la vida ya no tiene ningún significado, ¿tendrán ustedes miedo?

Cuando siente que la muerte se acerca y todavía tienen muchas cosas que hacer, ¿tendrán ustedes miedo?

¿Y, por que no deberíamos de tener miedo? Porque somos cristianos, y se nos han dado muchas razones para que tengamos esperanza. Sabemos que la Divina Providencia controla el universo. Nosotros creemos que el mundo ha sido redimido, y que no importa que tan mal estén las cosas en la tierra, nunca podremos destruir lo bueno de la gracia de Dios. Nosotros creemos que un día Cristo vendrá de nuevo y que ese día todas las cosas serán transformadas, y viviremos con nuestro Señor, con los Ángeles y los Santos por siempre. Entonces ya no habrá más dolor, no más sufrimiento, no más muerte. Así, que mis hermanos y hermanas en Cristo, no tengan miedo porque ese día se acerca más y más cada minuto de nuestras vidas. Amén.