Homilía del Domingo 26 del Tiempo Ordinario
“Compartir su Riqueza”
de Padre William Holtzinger
9/26/04


En las Escrituras de hoy parece ser que se esta ensalzando al pobre y se esta humillando al rico. Esto parece tener sentido. Pero mirando las Escrituras de una manera mas profunda, yo creo que de ninguna manera se trata de dinero. Pero, si se trata de ser buenos administradores. En otras palabras, estamos siendo llamados a compartir lo que tenemos. El dinero no tiene ningún valor moral. Pero, el amor al dinero, como escuchamos en las lecturas de la semana pasada, nos separa de Dios.

Hoy se nos esta desafiando a “vivir una vida recta con devoción, fe, amor, paciencia, y amabilidad”. (1 Tim. 6:11). Se nos se esta advirtiendo contra la complacencia (Amós 6:1). Se nos esta mostrando un ejemplo de lo que reciben en esta vida las personas que se apoderan de los dones que Dios les ha dado; como también se muestra lo que reciben personas que han sufrido en la pobreza.

La pregunta que se nos presenta es esta: ¿Quienes somos? ¿Quienes son aquellos que egoístamente se han apoderado de lo que Dios nos ha dado. ¿Hemos volteado la cara para el otro lado para evitar ver a los que están necesitados? ¿Acaso, hemos dado con un corazón generoso? ¿Le ofrecemos ayuda al que la necesita? Como ustedes pueden ver, la historia de Lázaro es un símbolo de las personas de este mundo que necesitan nuestra ayuda. Y, el hombre rico….bueno, el hombre rico, que ni siquiera tiene nombre. Con toda su riqueza y su fama, como quiera su nombre ha sido olvidado para no ser encontrado en el libro de la vida en cielo.

Ahora yo les pregunto: ¿Cómo son ustedes, con quien se identifican mejor? ¿Son ustedes como el hombre rico? ¿Son ustedes como Lázaro? ¿Acaso, son ustedes unos de los que escuchan las historias de Jesús, sin sentir ningún remordimiento sobre la pobreza que hay en el mundo? La solución empieza aquí, ahora mismo. (Point to my heart) Es en nuestros corazones donde podemos empezara a sentir la pobreza. Allí también, podemos invitar la riqueza de nuestra fe y la que Dios quiere que tengamos. Con la fe que Dios quiere que tengamos, nos volveremos generosos y nos llenaremos de júbilo.

Hoy estaremos celebrando en nuestra parroquia con una comida. Mucha gente ha venido a de compartir en los alimentos, y estas son a lo mejor, persona que ustedes no conocen. A lo mejor ni siquiera hablar el miso lenguaje. ¿Podrías ustedes conversar con alguien que es de diferente nacionalidad? Con personas que tal ves nunca hemos visto. Vengan, a compartir y no almacenen la avaricia en su de su corazón. No la alimenten más. Hoy es el día para que hagan una buena decisión. Después de la Misa, yo les ofrezco este desafío: salúdenle a una persona que no conozcan, no importa que hable un lenguaje diferente. Y, si alguien viene y los saluda, ¿Harán ustedes lo que le hizo el hombre rico a Lázaro? Hoy es su día. Hoy es día en que ustedes pueden enseñar la cualidad de su corazón. Después de la Mida, vayan y compartan su riqueza del corazón.