Homilía del Viernes Santo
“Esto No es una Película”

de Padre William Holtzinger
Abril 9, 2004



Yo fui a ver la película “La Pasión del Cristo” por segunda ves. Desde la primera ves que la vi, admito que mi punto de vista sobre la Pasión ha cambiado totalmente. Desde que empezó la película hasta que termino, estuve sintiendo que yo no era digno. Yo sé que cuando alguien hace algo bueno por me, me siento muy agradecido. Pero ser golpeado y asesinado por mí… eso es otra cosa totalmente diferente.

Todavía me pregunto, como es que leer y leer la Pasión en la Misa, nunca me ha provocado una reacción siquiera parecida a ésta. ¿Podría ser que me he convertido en una persona floja y aburrida de la misma historia? ¿Podría ser que he dejado que mi fe haya dejado de crecer y se haya enranciado? ¿He crecido sordo a la Palabra de Dios que me ha dicho desde mi niñez el costo que mi Dios pagó por mí? ¿O me he convertido en una persona indiferente a la realidad del pecado en mi vida? A lo mejor en una reacción de mi culpa como católico, he cerrado mi conciencia para que no entre ningún remordimiento y he negado reconocer el sufrimiento que yo he causado. Yo me pregunto si las preocupaciones, la presión y el estrés de mi vida me han hecho concentrar tanto en lo que yo necesito, que me he olvidado de la realidad que es el gran amor compasivo que Dios tiene por mí.

La Pasión que hemos escuchado, no es una película o un simple drama. Tampoco es simplemente nostalgia. En nuestra proclamación, esto se ha hecho realidad una ves más. Esto fue re-presentado para nosotros. La historia nos ha traído la resurrección a nuestro presente. No hemos re-crucificado a Jesús. Eso pasó, solamente una ves, y no volverá a pasar. Y en ese evento es donde estamos presentes cuando re-leemos la Palabra. Verdaderamente hemos estado al pie de la cruz. Podemos conocer el sufrimiento que Cristo pasó por nosotros pero, sólo si permitimos que nuestras vidas escuchen con los oídos de nuestras almas. ¿Ustedes creen en eso? ¡Si, claro que creemos en eso!

Hoy hemos caminado con Jesús, y hemos escuchado cuando él estaba siendo golpeado, azotado, crucificado, y asesinado. Hoy veneramos el vehículo de su muerte. Cristo a convertido el arma de la tortura en un instrumento de cosecha. Cosecha para la vida eterna. Cristo ha muerto, y estamos orgullosos de profesarlo, porque eso no termina aquí.