Homilía del Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, Año A.
“Vivir la Vida en Plenitud es Serle Fiel a tu Vocación”
de Padre William Holtzinger
Jan. 16, 2005



Dios los conoce y tiene un plan para todos ustedes. (Efe. 3,20, 1P. 2,9). El los conoce desde antes de ustedes nacieran. (Jer. 1,15). Y, una cosa mas, el los está llamando a que vivan una vida en plenitud. (Jn. 10,10). Al serle fiel a la vocación que el les ha dado, ustedes encontraran la alegría y la plenitud que se nos da al vivir una vida en orden.

Hay muchos ejemplos en las Escrituras que dan testimonio de que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, un plan que fue formado antes de que fuéramos concebidos. Isaías, David, (el Salmista) y Juan el Bautista pueden ser usados como ejemplos en las lecturas de hoy.

Cada uno de nosotros ha sido llamado, pero ¿hemos escuchado la llamada? ¿Acaso hemos confundido esa llamada con las voces del mundo? ¿Acaso el llamado al dinero ha sido la voz mas fuerte que han escuchado en su vida? ¿A que es a lo que Dios los ha llamado? Esta es la pregunta en la todos debemos reflexionar personalmente. Algunos de nosotros hemos recibido esa llamada con fortaleza, mientras que otros la aceptan pero con menos interés y confianza.

El Concilio del Vaticanos II nos lo dijo muy claro, que todos tenemos un llamado universal. Ese llamado es el llamado a la santidad. Escuchamos en la lectura de San Pablo que Sóstenes fue llamado a la santidad. Pero, ¿saben qué? Nosotros también somos llamados. Antes se decía que la santidad solo era para los sacerdotes y las monjas. Yo se que mucha gente todavía sigue pensando así. Pero, todos juntos estamos llamados a ser santos.

La cultura de Estados Unidos nos envuelve en una cultura de consumismo. Esta es un cultura donde el individual es el número uno. Como un consumidor diría: “Debería de preocuparme solo por mi, interesarme solo en mi, mientras que no ofenda a nadie, solo yo soy importante”. De hecho, hay una creencia de la que decimos que nuestras acciones, la mayoría de las veces, no afectan a nadie. Esto quiere decir que nosotros mismos asumimos que todos estamos desconectados. Que no estamos unidos en nada.

Ahora nuestros jóvenes son tan vulnerables a esto. Por lo general ellos hablan así: “Tengo que defender mis derechos. Tengo que asegurarme de que siempre se me trate bien. Tengo que recibir siempre lo mejor”.

Pero, Jesús nunca habló en esta forma. Al contrario, esa actitud es muy violenta comparada con la actitud de nuestro Señor. Esto no quiere decir que él nunca se preocupó de él mismo. De hecho, él se retiraba de todas las distracciones para poder llenar la necesidad que él tenía de orar. Pero su vocación o su llamado era el de servir y ayudar a otros.

El mundo nos dice que debemos ser personas felices, que vivir en plenitud es obtener todo lo que nos haga feliz. Típicamente, nosotros describimos la felicidad a nuestra propia conveniencia. Televisión, teléfono celular, play station, novelas, chismes, tequila, cerveza, quinceañeras, música con mensajes ofensivos, la mejor ropa de marca, algunas veces vestirse de una forma inmoral, tener un carro, los juegos de la computadora, demandar de nuestros hijos o papás lo que creemos que ellos nos tienen que dar… Hay tantas cosas a las que nosotros les llamamos, “mi felicidad”

Pero todas estas cosas están vacías y nos hacen personas vacías. Muchos han tratado esta clase de felicidad y han descubierto que a esto no es a lo que estaban llamados. Todas estas cosas nos pueden ofrecer algo de placer, pero ese placer es un placer temporal. Una vida plena, una vida de alegría, una vida de paz nunca la podremos obtener cuando la buscamos en estas cosas.

Recuerden que Dios los ha hecho a ustedes con un propósito. Al vivir ese propósito, al vivir fielmente al llamado que ustedes han recibido, ustedes encontraran plenitud. Al servir a otros ustedes encontraran gozo. Al dar, ustedes recibirán. Al amar, ustedes serán amados. Así que, en ves de sentarse a esperar a que la santidad y el llamado de Dios les llegue de repente, hagan algo, ocúpense en algo, háganse voluntarios en algún lugar. Traten de servir. Busquen formas de envolverse en algo para ayudar a otros. Al hacerlo ustedes descubrirán a que es a lo que Dios los ha llamado. Recuerden que cuando ustedes le sean fiel a su vocación, entonces, y solo entonces, ustedes encontraran la alegría en plenitud.